Crítica desde Cannes 2019: ‘Diego Maradona’

Por Eric Ortiz García

En 2008 se presentó, también en el Festival Internacional de Cine de Cannes, el documental Maradona por Kusturica, un acercamiento muy personal a Diego Armando Maradona, el que para muchos continúa siendo el mejor futbolista de todos los tiempos. Emir Kusturica lo describió como el Sex Pistol del fútbol y, en efecto, ese documental iba acorde a lo caótico del punk y de la vida de Maradona (con “God Save the Queen” entre los temas del soundtrack). Con diversos momentos memorables –Maradona cantando la canción que le compuso Rodrigo, escuchando conmovido a Manu Chao, regresando al estadio donde le marcó un golazo al Estrella Roja, o mostrándose arrepentido por su adicción en una entrevista única–, Maradona por Kusturica era lo suficientemente anárquico para que el cineasta haya mostrado, por ejemplo, una secuencia donde el futbolista lo deja plantado cuando iban a hacer una entrevista.

El cineasta británico Asif Kapadia asumió su tarea con la puerta abierta para realizar un documental más tradicional sobre el legendario 10 de la selección argentina. Para esto recurre a una forma que ya tiene dominada tras dirigir documentales sobre el piloto brasileño Ayrton Senna, la cantante británica Amy Winehouse, y producir el filme sobre Oasis, Supersonic: compilar valioso y en ocasiones poco común material de archivo (en la mejor calidad posible) y acompañarlo con el audio de entrevistas inéditas con los respectivos involucrados, que en el caso del documental titulado simplemente Diego Maradona son: el propio jugador y un puñado de personas que lo conocieron de cerca, tales como su primera esposa Claudia, su ex preparador físico y varios italianos ligados a su inolvidable etapa en el Napoli.

En ese sentido, el documental de Kapadia se siente mucho más controlado respecto al de su colega Kusturica, aunque tampoco es enteramente convencional porque el director británico no va abordando la vida de su protagonista en orden cronológico ni recurre a las típicas caras parlantes. De hecho, Diego Maradona esencialmente nos lleva a explorar el periodo de Maradona en Italia, desde que fue fichado por el Napoli en 1984 hasta que abandonó dicho club a mediados de 1991.

Kapadia nos lleva también a otros países lejos de Italia: a Argentina para explorar los orígenes de Diego en un barrio humilde de Buenos Aires; México con el afán de comprender el inicio del mito maradoniano (tras ese partido contra los ingleses en el Mundial de 1986) y de regreso a Nápoles donde el cineasta encuentra todo sobre la esencia de Maradona.

El contexto del Napoli iba de la mano con el del argentino, al tratarse de un equipo del sur de Italia, una zona marginada, discriminada particularmente por los norteños (entre ellos los aficionados de la Juventus o de los equipos de Milán), y bajo el yugo de la organización criminal conocida como la Camorra. El emocionante aspecto netamente futbolístico del documental tiene que ver precisamente con la improbable pero (temporalmente) perfecta unión entre Maradona y el Napoli, que propició que los napolitanos pudieran saborear por primera vez la gloria. Dos campeonatos de liga y una copa europea fueron los principales logros deportivos, con una relevancia social sin precedentes en el sur italiano.

De forma natural, el documental de Kapadia nos lleva a atestiguar el impacto del fútbol en la sociedad y, a su vez, el impacto de la impresionante y abrumadora fama en un individuo, quien originalmente sólo quería jugar fútbol para poder comprarles una casa a sus padres y sacarlos de la pobreza, pero que, una vez convertido en una deidad sobre todo para los argentinos y los napolitanos, se fue consumiendo por una incontrolable vida nocturna, infidelidades (negando a un hijo por décadas) y por supuesto, droga (aquí incluso se hace énfasis como nunca antes en un documental al nexo entre Maradona y la Camorra). En Nápoles Maradona llegó hasta lo más alto pero también se convirtió, tras el Mundial de Italia 1990, en la persona más odiada en ese país. Un periodo tan feliz como doloroso y lleno de contrastes, porque su vida no podría ser de otra forma.

Texto publicado originalmente en Chilango.

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