Crítica desde Fantastic Fest 2018: AN EVENING WITH BEVERLY LUFF LINN

Por Eric Ortiz García 

Tras su ópera prima The Greasy Strangler, una suerte de mezcla entre ese cine americano indie de comedia/romance quirky y el cine de explotación/serie B, el director de origen británico Jim Hosking está de regreso con An Evening with Beverly Luff Linn, alejándose del terror pero manteniendo un sentir general de total extravagancia y añadiendo un halo de misterio a la trama.

En el mundo de Hosking parece que sólo caben personajes que pueden ser considerados como estrafalarios y en el escenario inicial tenemos a un intencionalmente sobreactuado Emile Hirsch como Shane, el temperamental gerente de una cafetería que prefiere despedir a su propia esposa, Lulu (Aubrey Plaza), que a uno de sus otros cajeros, entre ellos el personaje de Sky Elobar, cara conocida al ser el actor que interpretó al hijo del estrangulador grasoso. Esa rareza inherente al personaje de Hirsch lo lleva a cometer un robo, con la ayuda de sus empleados, simplemente porque su esposa -ahora siempre aburrida al no tener trabajo ni una buena televisión en casa- le dijo que su hermano de origen indio (interpretado por Sam Dissanayake) tenía más dinero que él.

Desde The Greasy Strangler se notaba que Hosking, más que en una trama con una base sólida, se interesa por personajes y situaciones peculiares, y al menos la primera parte de su segunda película se siente similar cuando, casi por azares del destino, Lulu conoce a Colin (Jemaine Clement) -quien ha sido contratado por su hermano para saldar cuentas con Shane- y decide huir con él, con todo y el dinero que había sido torpemente robado por su esposo. Lulu sabe exactamente a dónde ir con Colin tras dejar a su marido y es que un hombre (Craig Robinson) con quien tuvo una relación en el pasado dará un espectáculo mágico en un hotel del poblado.

En esta ocasión, y como ya apunté, Hosking apuesta por un poco de misterio dado que nadie sabe realmente qué hay detrás de la previa relación de Lulu y el personaje de Robinson, quien en su show se hace llamar Beverly Luff Linn; que este hombre parezca un zombie mudo controlado por su asistente y pretendiente Rodney (Matt Berry) ciertamente añade otra capa al desconcierto.

an evening with beverly luff linn 1 cinema inferno

Como una colección de personajes y momentos propios de esa comedia quirky que Hosking venía explorando desde The Greasy Strangler, algo así como Jared Hess o Wes Anderson mezclado con humor escatológico, An Evening with Beverly Luff Linn funciona ocasionalmente. Quien se roba fácilmente el espectáculo es Jemaine Clement -conocido principalmente por sus colaboraciones con Taika Waititi (i.e. Entrevista con unos vampiros)- como el ajustador de cuentas convertido en protector de Lulu; de sus historias absurdas sobre su pasado, su inhabilidad para detectar que está siendo seducido por una prostituta, a su genuina dedicación por ayudar a la mujer a la que ha acompañado inesperadamente, Colin es el gran y divertido personaje que sobresale en la excentricidad de Hosking.

Además de Clement, lo mejor de An Evening with Beverly Luff Linn no viene de los secretos que se revelan ni del enigmático y también flatulento personaje titular; tampoco de esa inevitable confrontación en el hotel entre todos los extraños personajes que están conectados gracias a Lulu, la cual evoca a El gran Hotel Budapest con un intercambio de golpes filmado con peculiar timing; pero sí del lado más humano de Hosking.

Si en The Greasy Strangler el personaje femenino principal (la novia del hijo del estrangulador) era bastante volátil en cuestión de sus decisiones y al final terminaba siendo “víctima” del intento mayoritariamente fallido de hacer un filme totalmente absurdo, en An Evening with Beverly Luff Linn Hosking, de la mano de la relación entre Lulu y Colin, apuesta por un desenlace más dulce y hasta maduro; “todas las mujeres necesitan a un Colin” dice Lulu en referencia al cuidado que le ha demostrado el personaje de Clement, quien en la siguiente escena hace una pequeña pero noble acción acorde a esto. En general, y aunque sin ser una comedia con toques estrafalarios y románticos redonda, se trata de un paso hacia adelante para su director.

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